En una planta de tratamiento de aguas residuales, hay parámetros que pueden parecer simples, pero que tienen un impacto directo sobre el funcionamiento de todo el sistema.
Uno de ellos es el pH.
Aunque muchas veces se revisa como un dato más dentro de los controles operativos, el pH puede influir en la actividad microbiológica, la eficiencia de determinados procesos fisicoquímicos, la dosificación de productos químicos y, en determinadas condiciones, en la capacidad de la planta para alcanzar la calidad de efluente requerida.
Por eso, cuando un gerente de planta, responsable de proyectos o encargado de compras recibe reportes de pH variable, la pregunta no debería ser solamente:
¿Está dentro del rango?
La pregunta correcta es:
¿Por qué está variando y qué está provocando esa variación en el proceso?
¿Qué significa el pH?
El pH es una medida que indica qué tan ácida o alcalina es una solución.
Su escala generalmente va de 0 a 14:
Pero en una PTAR, el valor del pH no debe analizarse de manera aislada.
El rango adecuado dependerá del tipo de agua residual, proceso de tratamiento, características del efluente y etapa específica del sistema.
Por ejemplo, los microorganismos responsables de los procesos biológicos necesitan condiciones determinadas para desarrollarse correctamente.
Si el pH se aleja demasiado de esas condiciones, la actividad biológica puede verse afectada.
Y cuando la biología pierde estabilidad, el problema puede terminar manifestándose en otros indicadores como DBO, DQO, sólidos suspendidos, sedimentabilidad o calidad final del efluente.
¿Por qué puede variar el pH en una PTAR?
El pH de un agua residual industrial o doméstica no es necesariamente constante.
Puede cambiar debido a diferentes factores.
En industrias como alimentos, textiles, lácteos, camaroneras, químicas o procesos de limpieza, pueden ingresar corrientes con características muy diferentes.
Un proceso puede generar un efluente ácido y otro uno alcalino.
Si estas descargas no están adecuadamente caracterizadas, segregadas o ecualizadas, el pH que recibe la PTAR puede fluctuar considerablemente.
Ácidos, álcalis, detergentes, productos de limpieza y otros químicos pueden modificar rápidamente el pH.
Una descarga puntual puede generar un cambio importante incluso cuando el caudal promedio de la planta parece estable.
El propio tratamiento biológico puede generar variaciones.
Durante procesos como la nitrificación, por ejemplo, se consume alcalinidad y pueden producirse condiciones que favorezcan una disminución del pH si no existe suficiente capacidad de amortiguación.
Por eso, medir únicamente el pH de entrada no siempre permite entender qué está ocurriendo dentro de la planta.
Cuando existen variaciones importantes de caudal, carga contaminante o composición, el tanque de ecualización cumple un papel fundamental para amortiguar las fluctuaciones antes de que lleguen a procesos más sensibles.
Una mala ecualización puede trasladar directamente la variabilidad del proceso productivo hacia la PTAR.
¿Qué pasa cuando el pH no está controlado?
Aquí es donde el problema deja de ser solamente técnico y empieza a convertirse en un problema operativo y económico.
Un pH inadecuado puede:
Los microorganismos necesitan condiciones ambientales adecuadas para desarrollar su actividad.
La eficiencia de la coagulación y floculación puede depender fuertemente del pH, por lo que una condición incorrecta puede incrementar el consumo de productos químicos o deteriorar la formación del flóculo.
Cambios bruscos pueden provocar inestabilidad en diferentes etapas de la PTAR.
Una planta que necesita corregir constantemente las condiciones mediante dosificación química puede terminar utilizando más reactivos de los necesarios.
Y este es uno de los puntos más importantes para la gestión: una variación de pH puede ser una señal de que existe un problema mayor en el proceso que debe ser identificado.
¿Cómo controlar correctamente el pH?
Controlar el pH no significa simplemente instalar un sensor y agregar ácido o base.
El control debe comenzar con el diagnóstico.
Antes de definir una estrategia de control es necesario conocer:
La información permite identificar cuándo, dónde y por qué cambia el pH.
No siempre basta con medir el pH en la entrada y salida.
Dependiendo del diseño de la PTAR, puede ser necesario monitorear diferentes puntos para conocer el comportamiento del proceso.
Si las variaciones provienen del proceso productivo, una adecuada ecualización puede ser parte fundamental de la solución.
Cuando se requiere corrección de pH, la dosificación debe estar correctamente dimensionada y controlada.
Una sobredosificación no significa necesariamente un mejor tratamiento.
Puede representar mayor consumo químico, mayores costos y nuevas alteraciones del proceso.
En procesos con variaciones frecuentes, un sistema de control automático puede permitir una respuesta más rápida y estable.
Pero la automatización debe estar acompañada de calibración, mantenimiento y seguimiento operativo.
El pH es un indicador. El objetivo es entender el proceso.
Para un responsable de planta, compras o proyectos, la pregunta no debería ser simplemente:
¿Cuánto está marcando el pH?
Sino:
¿Qué está provocando esa variación y cuánto le está costando a mi operación?
Porque detrás de un pH inestable puede existir una deficiencia de ecualización, una descarga irregular, una dosificación incorrecta, un problema en el proceso biológico o incluso una caracterización incompleta del agua residual.
Medir es importante. Entender el comportamiento del sistema es lo que permite tomar mejores decisiones.
En ISA trabajamos en el diagnóstico, optimización, operación y mantenimiento de sistemas de tratamiento de agua, evaluando el comportamiento del proceso para identificar oportunidades de mejora técnica y operativa.
¿Tu PTAR presenta variaciones frecuentes de pH?
No te quedes solamente con el valor del análisis. Identifica qué está ocurriendo dentro del proceso.
Trabaja con los mejores, cotiza con nosotros:
096 289 3806 | 02 380 1340 / 41 / 42
www.isa.ec
Más de 30 años diseñando soluciones a la medida para el tratamiento de aguas en el Ecuador.
ISA – Ingeniería y Servicios Ambientales, mejorando al mundo una gota de agua a la vez.